martes, 19 de septiembre de 2017

Casi un haiku


Arriba, azul.
Tres cóndores vuelan
entre la cumbre y la casa.
Van y vienen.

Arriba, azul.
Y más abajo, la siesta y el silencio.

Lo único estridente es el sol.
El verde de los sauces.
Un tímido arrimar de primavera.

Podría escribir un haiku

si quisiera.
Pero no.

(Hay quien dice que en los valles somos vagos.
Pero no. Aquí la vida es dura.
La placidez no es vagancia.
Es serena aceptación.
Tal vez, sabiduría)

Arriba, azul.
Aquí el silencio.
Tres cóndores volando
entre la siesta y el cerro.

lunes, 26 de septiembre de 2016

APARICIONES (Eva y Winona) Continuación



PARTE 2: EL EXPEDIENTE
El Oficial Gordillo (3) estaba de buen humor.
Se le notaba aunque quisiera disimularlo con una sobria reserva profesional. Era una linda mañana de sol y el fin de semana pintaba tranquilo.
Llevé una docena de tortillitas para el mate, y como quien no quiere la cosa las dejé sobre el escritorio. El tipo estuvo como media hora preparando café, revolviendo papeles, imprimiendo archivos que guardaba en su vieja computadora de mesa, agujereando hojas y numerándolas antes de darme una copia de lo que se supone era “el expediente”.  
-Mire, -arrancó- esto todavía es materia de investigación y se supone que no debe ser publicado. Pero tampoco hay secreto de sumario, así que se lo presto y me lo devueve después de leerlo, estamos?
- Ajá.
-  A decir verdad, nadie sabe qué hacer con esta denuncia. Seguro acaba archivada.  Como denuncia laboral, no nos compete si no hay  algún otro delito conexo. No sé si me comprende el léxico específico… -alardeó.
- Comprendo, la jurisdicción  sería el Ministerio de Trabajo…
- Exacto.
- Y  ustedes no tienen obligación de remitirlas.
- Exacto.
- Entonces, ¿por qué han tomado tantas declaraciones?
- Porque algo hay que hacer. La gente viene, preocupada con algo y quiere que le den una solución. Uno sabe que no puede hacer nada, pero les toma declaración y ellos depositan el problema en la autoridad. Y se van a dormir más tranquilos, me comprende?
- Claro.
- No vaya a creer que es pura burocracia nomás. En estos parajes olvidados de la mano de los poderes públicos, la comisaría está para todo menester. Usted puede venir a declarar que está vivo para que no le corten la jubilación, puede denunciar a su marido si le pega, puede denunciar que el chancho de Gómez tiene triquinosis o que entre los cerros apareció Manco Capac levantando a la indiada. Las órdenes son  claras: recibir todas las denuncias y anotarlas, tomar declaración a los requirentes de intervención e informar a la superioridad,  me entiende?
- Le entiendo.
- Ahora, actuar, lo que se dice actuar, intervenir con el poder de policía, sólo en los casos en que presuntamente se estaría configurando un delito o infracción. Y en todos los casos,  queda a la buena voluntad del oficial de turno decidir qué cosa es urgente y qué no, me entiende?
- Le entiendo.
- En el caso que nos ocupa, las denuncias se efectuaron  el día subsiguiente a los hechos acaecidos, hallándome de turno en servicio y, por consiguiente, tocándome la decisión de actuar o no actuar.  Y no consideré necesario intervenir. Mucho menos cuando la presunta imputada por el delito de usurpación de identidad había desparecido de los lugares donde se la había visto.
- Además, por lo que sé, no habría hecho nada que mereciera represión policial.
- Exacto. A juzgar por las declaraciones,  se limitó a decir sus verdades en la cara de algunos ciudadanos de esta comunidad y eso no es infracción alguna. Por otra parte, los daños en las propiedades que pudieren haberse efectuado, según declaran los testigos y podrá usted leer, no le son imputables toda vez que no han sido producidos por su acción directa sobre las cosas, sino por la fuerza potente de su ira y su palabra, elementos que no aparecen como armas o herramientas en nuestra codificación. Si no me entiende, me avisa, a veces se me da por ponerme muy técnico. Deformación profesional que le dicen, vio?
- Le entiendo perfectamente.
- Mejor. Lo que le estaba diciendo es que la violencia en las cosas exigida para configurarse delito, no fue realizada por mano humana alguna,  sino por una voz que -al decir de los testimonios- es más divina que humana. Es cierto que se debe considerar la filiación política de los declarantes, todos adeptos de la mencionada figura pública que dicen haber oído. Aunque los pocos ‘contreras’ y ‘antis’ (como se les suele denominar en la jerga cotidiana, no crea que yo me meto en política)  que declararon, aseguran que, aún sin ser divina, la voz no era totalmente humana, sino que parecía provenir de un espíritu muy potente, sin hallarse en condiciones de decidir si se trataba de ángel o de demonio. Como ve,  la ideología atraviesa todas las situaciones de la vida, doña, y no hay modo de evitarlo.
- Claro.
- Bueno, acá le dejo los papeles bien ordenados y foliados para que no falte ninguno cuando acabe....
- Por favor, no se preocupe…
- No me preocupo, pero si algo le interesa más que lo demás, me avisa y le hago copia. Y quedamos amigos y sin resentimientos.
- Prefiero copiar en mi cuaderno lo que me parezca interesante, si es que eso está permitido y no lo compromete.
- Para nada, es su letra. Eso sí: para su publicación, recuerde, debe consultar primero conmigo si el caso se ha cerrado.
- O si ya se han efectuado los pertinentes arreglos para su publicación por medios hegemónicos con facilidades financieras para colaborar con los agentes del orden…
- Oiga, le han dicho alguna vez que usted es una máquina de hacer amigos?
- Varias veces. Era un chiste, oficial. Mire si voy a pensar así de la institución...
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Primer testimonio:
“La dicente manifiesta no haberse encontrado bajo la influencia de alcohol, ni drogas ni medicamentos ni sustancia alguna que pudiera alterar sus percepciones y su memoria de lo percibido. Dice que se encontraba trabajando en su puesto habitual de trabajo, atendiendo al público, cuando se oyó una voz potente  y ronca que dijo muy fuerte “CINCO SIGLOS IGUAL”, provocando las ondas  expansivas de esa frase, la caída de siete cartones de azúcar de quince kilos cada uno desde una altura de cuatro metros donde se hallaban depositados, desparramándose los paquetes rotos por el piso con gran estruendo. Que eso provocó un susto mayúsculo en las personas que se hallaban en el local de ventas, huyendo algunas despavoridas, mientras otras gritaban con histeria y algunos más pícaros, se abalanzaban a juntar azúcar del piso y meterlo en sus bolsos para huir después sin pagarla. Que no puede decir los nombres de los mencionados por ser clientes del lugar y haber resuelto el dueño del mismo, arreglar estas cosas en forma privada, sin intervención de la fuerza pública. Que a continuación del bombazo de azúcar se oyó la misma voz ronca partiendo de una mujer delgada y bastante menuda, teñida de rubio, que usaba un vaquero común, algo grande, un buzo gris con capucha y bolsillos canguro, zapatillas blancas, que miraba sospechosamente el piso y tenía las manos en los bolsillos del buzo. Que su voz parecía la de un demonio, porque retumbaba como si tuviera un micrófono incorporado “en su jeta” (sic)… Preguntada acerca de lo que dijera el personaje descripto, para constatación con otras declaraciones efectuadas sobre el mismo hecho, dice que recuerda algunas pocas palabras que a continuación repite y se transcriben textualmente: “…las mujeres que son pueblo puro  no deben entregarse jamás a la oligarquía. Yo no hago cuestión de clases. Yo no auspicio la lucha de clases, pero el dilema nuestro es muy claro: la oligarquía que nos explotó miles de años en el mundo tratará siempre de vencernos. Nuestra patria dejará de ser colonia, o la bandera flameará sobre sus ruinas .No nos alcanzará el alambre de fardo para colgar a los contreras".* Estas últimas palabras, expresa la dicente, le impresionaron mucho por el tono amenazante y porque ella ha sido radical desde su más tierna edad, recordando que en su infancia y juventud se solía llamar contreras a quienes no eran peronistas y se les amenazaba de ese modo. Que la voz dijo otras cosas más, pero que esas son las que mejor recuerda por haberlas oído antes. Que preguntada dónde las había escuchado antes, dice que fue en la televisión y en la voz y la palabra de la señora Eva Perón, en películas sobre su vida. Preguntada acerca de la identidad de la persona de la que emanaba la voz, la dicente expresa que en sus movimientos y palabras, cree firmemente que era la misma Eva Perón rediviva la que se hallaba con las manos en los bolsillos perorando en medio de la tienda. Que en su momento, ‘la aparecida’ (sic) la miró fijamente, en razón de ser la dicente empleada y madre de unas niñas que a veces concurren a ayudarla, pero que  solicita quede expresa constancia que las mencionadas menores  concurren a la escuela obligatoria sin faltar por causas de trabajo y que si realizan labores como dependientas en la tienda es como práctica y por su gusto y voluntad, para estarse ocupadas en cosas útiles y por tener su propio dinerito para sus necesidades, que en ningún caso se las obliga a trabajar o a aportar  al ingreso familiar’

Segundo testimonio: 
 ‘El declarante, mayor de edad, en uso de sus facultades, (…) manifiesta que iba por la calle rumbo sureste, cuando escuchó un griterío y vio una estampida de gente salir del comercio denominado comúnmente “del Borigen”, que tanto escándalo le hizo temer un hecho de los denominados de inseguridad, por lo que cautelosamente se dirigió al lugar, viendo que el local se hallaba casi vacío, que solo quedaban en su interior las empleadas, la dueña y su consorte, que  algunos pocos clientes se habían recostado contra los exhibidores y miraban todos fijamente a una N.N. de sexo femenino, en apariencia joven, que vestía un buzo gris con capucha y que por el miedo expresado en los rostros de los que se hallaban presentes, temió que tuviera un arma en sus manos, las que no se encontraban a la vista, ya que la N.N. se hallaba de espaldas al ingreso del local. Dice que para verificar si se encontraba en lo cierto, gritó desde atrás de una columna, para el caso que la N.N. estuviera armada,  “QUÉ PASA ACA?”  y entonces la N.N. gira y lo mira fijamente y el declarante ve que tiene las manos en los bolsillo, por lo que se acerca y comprueba que se trata de una persona muy parecida a la conocida como Eva Duarte de Perón, fallecida en 1952 como es de público conocimiento. La N.N. le responde con una voz ronca que el declarante reconoce como la de la mencionada Eva, diciendo más o menos estas palabras: "Sangra tanto el corazón del que pide, que hay que correr y dar, sin esperar...Cada uno debe empezar a dar de sí todo lo que pueda dar, y aún más. Solo así construiremos la Argentina que deseamos, no para nosotros, sino para los que vendrán después, para nuestros hijos, para los argentinos de mañana..."*  Continúa el declarante diciendo que nadie se movía en el lugar y que se acercó a la mujer con intención de empujarla, pero que a la distancia de un metro un frío glacial lo detuvo y no se atrevió a avanzar más, que los ojos de la mujer se le clavaron en la cara y que debió bajar la mirada. Que en ese momento el dueño del lugar, que no se había movido de su puesto detrás de la caja registradora, se acercó un poco más, siempre por detrás del mostrador, y dijo algo como:  ‘¿ qué pretende señora, qué es lo que quiere?’. Y que la voz que salía de la joven con las manos en los bolsillos respondió una frase larga que el dicente reconoce en estas palabras que le son leídas por el oficial que toma la declaración, luego de buscar en internet por palabras sueltas que el declarante recuerda: "...Ha llegado la hora de la mujer que comparte una causa pública y ha muerto la hora de la mujer como valor inerte y numérico dentro de la sociedad. Ha llegado la hora de la mujer que piensa, juzga, rechaza o acepta, y ha muerto la hora de la mujer que asiste, atada e impotente, a la caprichosa elaboración política de los destinos de su país, que es, en definitiva, el destino de su hogar. Ha llegado la hora de la mujer argentina, íntegramente mujer en el goce paralelo de deberes y derechos comunes a todo ser humano que trabaja, y ha muerto la hora de la mujer compañera ocasional y colaboradora ínfima. Ha llegado, en síntesis, la hora de la mujer argentina redimida del tutelaje social, y ha muerto la hora de la mujer relegada a la más precaria tangencia con el verdadero mundo dinámico de la vida moderna(…) Lo único que debemos hacer es adquirir plena conciencia del poder que poseemos y no olvidarnos de que nadie puede hacer nada sin el pueblo, que nadie puede hacer tampoco nada que no quiera el pueblo. ¡Sólo basta que los pueblos nos decidamos a ser dueños de nuestros propios destinos! Todo lo demás es cuestión de enfrentar al destino."*   A continuación de este discurso, menciona el declarante que dos muchachas que habitualmente trabajan en el local comercial se echaron a llorar y la dueña del lugar comenzó a reírse con muchos nervios, que se acercó a la mujer del buzo gris a los gritos, echándola del lugar y queriendo empujarla,sin conseguirlo, por lo que su esposo la tomó por detrás, diciendo  que dejara de hacer eso, que les podía traer problemas. Preguntado acerca de la actitud de la intrusa que había causado tanto revuelo, el declarante manifiesta bajo juramento que no se defendió ni agredió a ninguno de los allí presentes, que ‘la aparecida’ miró a todos los que estaban  y dijo una cosa en verso de la que aporta algunas palabras y, que luego de ser rastreadas éstas en internet, resultan ser parte de las siguientes estrofas, las que  leídas al declarante,  las reconoce como las dichas en esa ocasión: “Yo he de volver como el día/para que el amor no muera/ con Perón en mi bandera/con el pueblo en mi alegría./¿Qué pasó en la tierra mía/desgarrada de aflicciones?/¿Por qué están las ilusiones/quebradas de mis hermanos?/Cuando se junten sus manos/volveré y seré millones.”** Dicho esto, se produjeron algunos desmayos dentro del lugar y la mujer intrusa dio media vuelta y se retiró sin más palabras ni gestos, con las manos en los bolsillos, dirigiéndose, por lo que él pudo ver,  rumbo a la ruta, que no la siguió pero le contaron después  vecinos de La Angostura, que la vieron perderse por el camino que baja hacia Acheral. Que no sabe que pudo haberle ocurrido, porque él se quedó asistiendo a las mujeres desmayadas,  presas de ataques de pánico y nervios. Que es todo lo que puede referir de los hechos por los que se presenta a declarar y firma de conformidad ante mí...’

Tercer testimonio:
Se presenta en esta Comisaría siendo las once horas del día de la fecha, una mujer que dice ser Ermelinda María Eva Juana C., de 54 años de edad, domiciliada en esta localidad como acredita con documento de identidad, casada, propietaria del comercio que regentea junto a su esposo y en el que se registran tres empleadas mujeres mayores de edad, dos empleados varones y al que suelen concurrir las hijas menores de su encargada general en condición de acompañantes y nada más, ya que concurren a la escuela secundaria tal como se puede acreditar por testigos y por medio de los registros de dicha escuela, no siendo  empleadas de su comercio sino sus “hijas del corazón”, que las ha visto crecer y ha ayudado a criarlas,  solicitando quede constancia en la presente de tales hechos.  Manifiesta asimismo que hallándose en el día de ayer, como de costumbre, con el local atestado de clientes, aunque muchos menos de lo habitual, dada la crisis económica que aflige a todos, se presentó una mujer joven, delgada, vestida con pantalón vaquero, buzo gris con la capucha puesta y las manos en los bolsillo  que  la dicente reconoció como una clienta de los últimos días, quees de  un gran parecido con las estampas que circulan por allí de la señora Eva de Perón, que ella no tiene ideología política y no tiene nada que opinar a favor o en contra de la mencionada Eva de Perón, pero que es capaz de reconocer el parecido con  una figura que ha visto hasta el cansancio. Aclara que no cree como otros vecinos, que la dicha NN. Femenina sea la señora de Perón, sino alguien que se ha puesto a imitarla con intenciones de realizar una broma, pero que las cosas se salieron de madre debido a las emociones que despertó en algunos de los presentes. Manifiesta que ella nunca la agredió ni intentó golpearla, sino que viendo el terror que despertaba su actuación en sus “hijas del corazón” y la estampida provocada entre los clientes, se dirigió a ella educadamente para pedirle que se retirara, y que la mujer dijo palabras que no recuerda, pero que estando ya en la puerta de salida, casi pisando la vereda, una de las niñas que trabaja en el local se dirigió corriendo a la N.N. y la abrazó llorando y que entonces ‘la aparecida’  respondió: “No me llores perdida ni lejana, yo soy parte esencial de tu existencia, todo amor y dolor me fue previsto, cumplí mi humilde imitación de Cristo, quien anduvo en mi senda que la siga.”** Que sabe que estas fueron las palabras exactas porque las lee de un papel que la propia intrusa denunciada le entregó a la chica antes de separarse de ella, que la niña guardó ese papel y lo llevó a la iglesia para pedir al señor cura párroco que le consagrara el mensajito, pero que ella logró que le fuera entregado para ser presentado como prueba a los efectos que se le tomen las huellas digitales y el ADN correspondiente si fuera menester, todo ello con el fin de descubrir la identidad de quien se hace pasar por un personaje histórico para molestar a la gente que se halla cumpliendo con sus deberes. Preguntada,  dice que nada más tiene para agregar, salvo ratificar que ella no tuvo para con la intrusa ninguna agresión física o verbal.’

Resultado de imagen para winona ryderCuarto testimonio:  
Se presenta ante mí nuevamente, bajo solicitud expresa,   la señorita Winona Ryder, estadounidense, de profesión actriz y  de las demás señas ya descriptas en anterior declaración,  quién no se halla comprendida en las generales de la ley y manifiesta que se encuentra  de visita con su motorhome  desde hace un semana en inmediaciones del Dique. Preguntada  nuevamente por sus manifestaciones ante vecinos en relación con el hecho que nos ocupa,  expresa, por medio de su traductor particular cuyas señas particulares figuran abajo y quien jura asimismo traducir textualmente las palabras de la declarante, que el día en que ocurrieron los hechos que motivan estas actuaciones,  siendo las trece horas, se hallaba bebiendo cerveza junto a un árbol, cerca de la curva de La Angostura, cuando se le apareció una persona de sexo femenino, joven, menuda, delgada, vestida con jeans grandes, zapatillas blancas y buzo gris, cabellos  teñidos de rubio dorado, quien sin sacar las manos de los bolsillos se dirigió a ella expresando que renunciaba a los honores pero no a la lucha*. Al preguntarle la dicente por el significado de esas palabras, la aparecida le respondió que tenía más miedo al corazón helado de los compañeros que se olvidan de su origen que al de los oligarcas*. Manifiesta que al oir esa última palabra, reconoció que la persona que le hablaba se parecía notablemente a una actriz de su círculo de amistades que en cierta ocasión pudo ver en Broadway interpretando el papel de la señora Evita Perón, que se rió creyendo que se trataba de una broma y le ofreció cerveza, pero la mujer, sin moverse ni sacar las manos de los  bolsillos, dijo que sentía deseos de quemar su vida para alumbrar el camino del pueblo argentino*, que esos dichos todos fueron en perfecto castellano, que ella comprende el español por causa de ser hija de un inmigrante ilegal, pero que tiene grandes dificultades para hablarlo correctamente y mucho menos con los modismos propios de las zonas que atraviesa, razón por la cual contrata un traductor que la interprete,  pero comprende muy bien lo que se le dice y se le pregunta aunque no lo pueda responder, como si fuera muda y no sorda, todas estas disquisiciones efectuadas a través de su traductor y sin que se le preguntara al respecto, por lo que se le requiere si desea dejar algo de lo dicho por escrito a lo que responde “yes” y su traductor que sí, que todo lo expresado, razón por la que se deja constancia de un tema que nada tiene que ver con la causa que nos ocupa, deslindando responsabilidad en el dispendio administrativo el oficial sumariante que transcribe. A continuación se le pregunta si tiene algo más que decir en relación a la N.N. que es motivo de estas actuaciones, manifestando que antes de seguir caminando rumbo a la yunga, la mencionada ‘aparecida’ repitió tres veces seguidas lo que sigue, indicándole la dicente a su traductor que lo anotara en forma textual y lo entregara a la policía local: "...Yo me guardo la esperanza por la gloria,/lo único que quiero es servir,/a los humildes y a los trabajadores./ ¡VOLVERÉ Y SERÉ MILLONES...!".**  (Se resguarda junto a las presentes actuaciones como prueba, el volante de “La Casona de Pepito” en cuyo dorso se hallan escritas a lápiz las palabras antes referidas. ) Aclara la dicente que esas últimas palabras también le recordaron a la obra vista en Broadway unos años atrás, con motivo de la visita de la exPresidenta de la Nación  Argentina a Nueva York. Que supone que son palabras de Evita Perón y que la aparecida era una imitadora que estaba ensayando sus parlamentos para alguna obra. Que no tiene  más para decir y solicita se le permita ausentarse de la zona ya que la esperan en Amaicha del Valle y Santa María para filmar unas locaciones documentales, por lo que se la releva de sus obligaciones como testigo hasta nuevo aviso, informándole que debe comunicar su paradero mientras se encuentre en el país para el caso que se la requiera nuevamente.
……………………………………………………………………………………………………


-Permiso oficial, puedo molestarlo?
- Pase, pase. Si gusta una empanadita…
- Gracias, me esperan para comer. No quisiera interrumpirle el almuerzo, pero tengo una duda.
- Pregunte nomás.
- Es que, salvo la yanqui que habla con traductor, las demás citas de la presunta Señora de Perón están textuales y me resulta algo extraordinario en una declaración testimonial.
- Ah, eso. Mire, en principio, la gente tiene buena memoria. Sobre todo tratándose de Evita. Ahora, lo de la ‘textualidad’ es cosa mía. ¿Para qué existe internet  si no va a servir para mejorar nuestro trabajo?
-¿Quiere decir que las agregó usted por su cuenta?
- No exactamente. Contravendría el procedimiento de toma de testimoniales si lo hiciera. Fijese que en todos los casos se aclara que en base a palabras sueltas recordadas, se buscó la frase y se les leyó a los declarantes, quiénes … Me entiende?
- Le entiendo. Pero eso, ¿no sería hacer trampas?
- Bueno, según cómo lo vea.
- Y usted ¿cómo lo ve?
- Tengo para mí que todo lo que no está prohibido está permitido, así que cuando los declarantes iban hilando lo que más o menos recordaban, yo buscaba las frases más parecidas, se las leía y ellos las reconocían. ¿Eso está prohibido? No. Es más: firmaron sus declaraciones muy contentos de poder ser fieles y veraces gracias a la tecnología incorporada por la policía, me comprende?
- Le comprendo perfectamente. Y en el caso de la extranjera, ¿qué pasó?
- Bueno, era muy complicado andar explicándole el procedimiento por medio del traductor, sin decir que estaba bastante borracha y fumada, lo que  dificultaba de por sí las declaraciones. Además, me pareció mejor poner sus palabras textuales por si las cosas pasan a mayores e interviene la cancillería y hay careos y esas cosas. Con los yanquis nunca se sabe. Más vale precaverse.
- Claro.  
- ¿Algo más?
-No, gracias. Creo que anoté todo lo que me interesaba,  pasé por alto las meras repeticiones.
- Y sí. Cuando todos han visto lo mismo, suelen repetirse. No es una novela.
- Claro.
- Pero es muy útil en términos judiciales, aunque sea un plomo literario.
- Me alegro.  Una cosa más, oficial, si es que quiere hacerlo…
- A ver…
-  ¿Usted qué opina de todo esto?
- Yo no opino doña, yo tomo declaraciones y elevo a los superiores. Nada más. Pero le puedo contar una infidencia que no está en el expediente. Esa señora de buzo gris pasó la noche en la comisaría, sabe? Por pura protección personal para ella. La encontramos bajando por la ruta y nos pareció mejor retenerla y mandarla en micro al día siguiente.
- ah, pero eso no está en …  ¿Y qué? ¿La dejó ir?
- ¿Y qué motivo tenía para retenerla por más tiempo? ¿Qué hizo de malo, a ver?.
-Tiene razón. No hubiera sido justo.
-Obvio. Y para que vea que el Oficial Gordillo no miente, vaya y dígale al cabo Osorio, de mi parte, que le deje ver la celda donde estuvo. Mire lo que escribió en la pared. No lo acompaño porque se me enfría la sopa.
El Cabo no necesitó que le dijera nada. La comisaría es tan chiquita que escuchó perfectamente la orden del oficial Gordillo. Me hizo una seña y me llevó hasta una pequeña habitación pintada de verde, con una ventanita enrejada.  Desde afuera encendió la luz y en la pared  bajo la ventana, como raspado a uña, se leía:

                           "Aparento vivir en un sopor permanente para que supongan
                           que ignoro el final... Es mi fin en este mundo y en mi patria,
                           pero no en la memoria de los míos. Ellos siempre me tendrán presente, 
                           por la simple razón de que siempre habrá injusticias 
                          y regresarán a mi recuerdo todos los tristes desamparados
                           de esta querida tierra."
                                                                            E.D.*
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(1)En los Valles se le llama “La Ciudad” a la capital de la provincia.

(2)”Borigen” o “Boringen” o “Borinque” provienen de “aborigen”, término que reemplazó a “Indio” o “indígen”. Si bien el término “indio” es el más usado en la zona para designar a personas que pertenecen a las comunidades originarias, en una época se lo consideró peyorativo y en las escuelas se empezó a usar el término “aborigen”. De allí que los propios niños llevaran a su casa la novedad y entre todos, un poco en broma y un poco en serio, comenzaran a llamarse unos a otros de esta manera, deformándose el vocablo y dando lugar a un sinnúmero de apodos y sobrenombres.

(3) Notable personaje tucumano sobre el que se puede hallar abundante información en youtube.( https://youtu.be/eHpyuDjpA1Q,  entre otros)

* Todas las alocuciones adjudicadas a la “aparecida”, fueron tomadas de discursos y escritos de Eva Duarte de Perón con excepción de los señalados por **, que pertenecen a diferentes poemas laudatorios de su persona como a placas ubicadas en su tumba.


© 2016 Adriana Gaido-©Fotos: Rufino Mario Lucero - © 2016 Ediciones de la Casa del Quetupí, El Mollar, Tucumán, Argentina.

ISBN 978-987-42-1534-5

domingo, 25 de septiembre de 2016

APARICIONES (Eva y Winona)



Los relatos fantásticos que componen esta colección se sitúan en los Valles de Tafí, Tucumán, corazón de la Patria  Argentina. La autora de estos relatos tiene la suerte de vivir en El Mollar. Desde la Casa del Quetupí,  se atreve a contar lo que sueña a veces en uno de los lugares más bellos del planeta. Ni falta hace que se diga que cualquier parecido con hechos y personas, es mera coincidencia.Por las dudas: todo es ficticio y cualquier parecido con la realidad es producto de las elucubraciones del lector, ya que la autora considera que todo lo que vivimos es casualidad pura.  



PARTE 1: INDAGACIONES
Hace unos días, viniendo de Tafí por Casas Viejas,  escuché hablar en el ‘Aconquija’  de extrañas apariciones.
Para puntillosos aclaro: el ‘Aconquija’ no es la cadena montañosa que separa naturalmente las provincias de Tucumán y Catamarca, al oeste de nuestro querido pueblo (no voy a subir tremendos montes para enterarme de los hechos que ocurren a pocas cuadras de mi casa. Sería ridículo). El  ‘Aconquija’  es  el micro de  media distancia que nos traslada a los de poracá arriba hacia el masallá  abajo,  a través de la yunga, y viceversa. Y es también la empresa de colectivos  ‘urbanos’ que da toda la vuelta al valle, alrededor del cerro El Pelao, uniendo poblados,  desde el Rincón, pasando por El Potrerillo y El Mollar, hasta Tafí, o dando la vuelta por Las Carreras y Ovejería. También hay uno que va de Tafí a El Mollar por el sitio denominado “Ojo de agua” y “Casas viejas”, a mi entender el recorrido más bonito. En éste último volvía yo,  ocupada  en distinguir si entre los árboles secos, hundidos hasta las ramas en las aguas del lago, apeadero general de garzas, se veía la triste y solitaria figura del Mollarito,  cuando oí la conversación sobre apariciones entre dos viejas de edad y aspecto más que confiable.
Por suerte, justo en la esquina de (un decir lo de “la esquina de”) Menhires y Calchaquies estaba Don Pancho Samsa, que en realidad es de apellido Gómez y de nombre tal vez Roberto, Rubén o Raúl,  (digo por la R. en el cartel que puso sobre su negocio: “CHACINADOS Y CARNE  DE CERDO Y AFINES, de R. Gómez”). Acá todos lo conocemos por el apodo de Pancho Samsa (como el de ModoQuasi, puesto por el mismo operario telefónico literato y  transmigrante,  afecto a apodar gente; tal vez porque a él apenas se lo conocía por “Mono”, debido a su parecido con un chimpancé).
 Don Pancho, a más de chanchero y muy panzón, recuerda por su carácter alegre, su despreocupación y su esposa laboriosa y malhumorada,  al compañero de Don Quijote. Sólo que Don Pancho, a diferencia de aquél,  dicen que es más bien culto, que en sus esperas de clientes siempre se le ve leyendo mucho sobre ciencia, aunque es cristiano piadoso, y que, por gracia de dios, supo hacer plata y conseguir un buen pasar. También dicen que nunca cayó en las locuras de cietos estudiantes de “la Ciudad”(1), que pretendieron venderle una isla de Barataria para reírse de él. Pero esa es otra historia. Ahora está allí, con su enorme delantal de hule de chanchero, fumando su cigarrito. Y ya empieza a sonreírme a metros de verme llegar, como hace siempre, como hace con todos. Una invitación al diálogo esa cara franca.

          - Buen día, doña, ¿cómo dice que anda hoy?
        - Aquí vamos, Don Pancho, una patita delante y otra detrás. Intrigada con los misterios de los que se oye hablar por estos lados…
      - Ajá. ¿Y cuáles serían?
         - Algo acerca de apariciones de gente famosa y algunas, hasta muertas.
         - Ah, sí. Qué historia, eh? ¿Y qué quiere usted saber de eso?
          - Bueno, lo normalito, no’? Cuándo pasó,  quiénes aparecieron, dónde, en qué circunstancias, por qué…. Recién oí a dos viejas comentando en “el urbano”  y se me llenó la cabeza de preguntas.
-          - Y no es para menos… Dicen que fue un hecho bastante misterioso.
-          - Epa! Entonces es cierto…
-          - Así parece.
-          - ¿Y usted vio?
-          -Nooo! Válgame Dios, yo no vi, pero me enteré… Y eso que los que vieron, no quieren hablar del susto.
-          -Uuhhh… ¿Y qué le hab contado, si es que puede saberse…?
-          -No mucho. Por lo que sé, fue una sola aparición. Y dizque le acomodó el plumero que tiene en la cabeza la esposa  del Borigen (2) del almacén de ramos generales.
-          -Ah, pero ¿allí fue?
-          -Sí, así dicen. Raro que no se enterara.
-          - No, recién ahora supe. Y cuándo fue eso?
-          -Hará un par de semanas… Quedaron todos muy impresionados. Y no es para menos. Parece que “cierta señora”   le cantó las cuarenta a la Ermelinda.
-          - Sabido es que Doña Ermelinda (que así se llama la esposa del  “Borigen”) da más de un motivo cada día para eso. Ahora, que llamar a eso “aparición” ¿No será mucho?
-          - Es que no fue cualquiera la que  le acomodó la plana.
-          - Ah, no? Y entonces?
-          - Fue la Evita.
-          - ¿Qué Evita?
-          - La Evita. Cuántas conoce?
-          - A decir verdad, ninguna, pero sé que la hija de Doña Sacarosa se llama Eva, la mujer de Tincho también y vaya a saber cuántas más que van a comprarle a doña Ermelinda.
-        -  No, no. Esas sí, las conozco,  pero no hablo de esas.
-         - No le entiendo nada, Don Pancho.
       - Dicen que fue la Evita de Perón la que se
       le apareció.
          -Naaaaa…..
-          - Así dicen …
          - Pero, ¿qué me está diciendo Don Pancho?
          - Lo que me contaron. Todos los que estuvieron ahí dicen  que era la Evita Perón, disfrazada con unos pantalones viejos,  zapatillas de lona y un buzo con capucha que le tapaba la cara. Dizque se plantó en la fila de clientes un día y otro y otro. Que  esperó y miró y escucho y registró todo lo que pasa ahí dentro. 
         -Usted me está cargando?
-          - Qué va. Dicen que tres días se apareció casi sin hablar, apenas para hacer el pedidito, poquitas cosas llevaba y siempre con la cara tapada. Y esa última mañana, que estaba llenito de gente,  le dio batalla a Ermelinda. Batalla verbal, se entiende.
-        -  Increible…
-        -  Vio? Pero hay montón de testigos de lo que allí se dijo y que declararon en la comisaría y ante la psicóloga también.
-          -No me lo puedo creer.
-          -Pues créaselo, que de eso iban hablando las que oyó.
-          -Pero, ¿y cómo es que apareció la Evita así como así en el pueblo y nadie se dio cuenta?
-          - Ah, eso no lo sé, por eso es que resulta tan misterioso. Muchos dicen ahora, después que pasó todo, que la habían visto a la mujer por allí y que  les recordaba a alguien conocido, pero por entonces ninguno dijo “es la Eva”.  Las viejas que van todos los días de compras para gastar horas, dicen que la vieron como a  cualquiera, varias mañanas seguidas haciendo la fila, soportando el maltrato y la espera, pero que nunca se bajó la capucha del buzo ni se dio a conocer hasta la mañana  en que comenzó a hablar. Y ahí la reconocieron. Los más, salieron disparados. Pero algunos pocos, de esos que son bien curiosos -y usted sabe que acá sobra gente así, capaz de quedarse parado frente al cerro que se le cae encima sólo por ver qué es lo que el cerro hace para aplastarlos-, esos y algunos embobados admiradores de la Eva, se quedaron.  Y escucharon todo.
-         -  Mire usted. ¿Y yo dónde estaba que no me enteré de nada?
-          - Ah, no sé, eso fue muy comentado.
-          - Caramba, de qué me perdí... Qué manera de ver pasar la vida sin enterarse una…
-          - Pst…
-          - Y ahora ¿cómo me hago del nombre de algún testigo que quiera contarme lo que allí ha pasado?
-          - Vea, creo que la Chini del Samuel  estaba. Pero han ido de la radio a pedirle reportaje y no ha querido hablar. A mí el que me contó todo lo que sé, fue el oficial que tomó las declaraciones en Comisaría. Es uno que viene siempre a por sus choricitos los sábados cuando está de guardia y le gusta alardear de tanto trabajo que tiene.
-          - ¿Cuál?
-          - Ese que viene los viernes de la ciudad, ¿lo ubica? El de los anteojos negros, farolero él.  Gordillo se llama.
-          - Ah, sí. Pero es medio mentirosito el hombre, dicen…
-         - Sí, pero esto lo tiene todo puesto por escrito. Si hay un expediente y todo.
-          - Y usted dice que lo encuentro en sábado? A Gordillo, digo…
-         - Si, llega los viernes y se va los domingos. Pero si lo va a querer entrevistar, mejor que sea el viernes a la noche o el sábado a la mañana. Después del mediodía del sábado ya no está de humor. Y el domingo, mejor no cruzárselo, anda que se lo lleva el diablo.
-          - Ajá.
-          - Mire, mejor vaya de mi parte, diga que yo la mandé. Secreto de sumario no ha de haber, si no hay crimen ni delito en lo que pasó. Es asunto de aparecidos nomás, sin víctimas.
-          - Y por qué fue a parar todo a la Comisaría entonces?
-          - Porque a la Ermelinda le dio por denunciar el asunto como acoso de algún vecino bromista y dio nombres de testigos que allí estaban. Así que al tipo no le quedó más que llamarlos a declarar.
-          - Ah…
-          - Y va que todos dicen que era la Evita misma en persona! Encima la voz. Esa voz, no hay dos iguales.
-          - Y no.
-          - Dizque resonaba en  el galponazo como si estuviera hablando con micrófono. El susto que se llevaron las chinitas que trabajan ahí.
-          - Y no es para menos….
-          - Encima que dicen que la cosa era para ellas. Que la Evita estaba enojada porque todas están en negro. A más,   en edad de ir a la escuela…
-          - Cinco siglos igual…
-          - ¿Cómo dice?
-          - Nada, nada, pensaba en voz alta… ¿Qué me decía usted?
-          - Ah, que dicen que la Evita se apareció por lo de las chinitas que debieran ir a la escuela y están desde las ocho de la mañana y hasta las doce de la noche sin parar, cargando y descargando mercadería, atendiendo gente y todo por la misma plata.
-          - Un espanto, ya lo sé. Y entonces ¿se vino con los del Ministerio de Trabajo la Evita?
-          - No, dicen que andaba sola. Pero parece que el susto que se llevó la Ermelinda fue grande. No quiere saber nada de tener las chinitas allí trabajando. Las mandó a la escuela y la madre anda como loca porque no las puede vigilar. Encima que le entra menos plata, aguantar la pensadera de que se las vayan a embarazar…
-           - En la vida, todo son problemas, eh? ¿Y las mocosas vieron todo?
-          - Parece que sí, pero no quieren contar nada. Lo mejor es pedirle a Gordillo que le deje ver el expediente que tuvo que armar. Andaba furioso por el trabajo que le hicieron tomar para que no pase nada. Porque, dígame, ¿qué puede pasar con eso? Nada.
-          - ¿Usted dice que me dará bolilla? Mire que yo no lo conozco.
-          - Usted vaya de arte mía y digalé que es para algún diario de la Capital o alguna revista de interés científico. Le gusta la fama al chango. Aunque le va largar el “a mí no me nombre, no me comprometa”, le gusta el candelero. Y además, así se le va la rabia. Al menos, no escribió todo lo que escribió de balde…
-          - Claro, no es mala idea. Bueno don Pancho, me he quedado helada. De verdad, no se ría, si no fue usted, fue el invierno, que se vino bien frío este año.
-          - La verdad que sí, la hemos pasado bien negritas todos, que no?
-          - Ni que lo diga. Haga el favor y véndame tres de esas morcillitas que calientan hasta el alma. El sábado me caigo por la comisaría a ver qué pasa y después le cuento.
-          - Meta…

 (Continuará... en la Segunda Parte. Mañana si hay internet.)
 
(1)En los Valles se le llama “La Ciudad” a la capital de la provincia.
(2)”Borigen” o “Boringen” o “Borinque” provienen de “aborigen”, término que reemplazó a “Indio” o “indígen”. Si bien el término “indio” es el más usado en la zona para designar a personas que pertenecen a las comunidades originarias, en una época se lo consideró peyorativo y en las escuelas se empezó a usar el término “aborigen”. De allí que los propios niños llevaran a su casa la novedad y entre todos, un poco en broma y un poco en serio, comenzaran a llamarse unos a otros de esta manera, deformándose el vocablo y dando lugar a un sinnúmero de apodos y sobrenombres.




© 2016 Adriana Gaido-©Fotos: Rufino Mario Lucero - © 2016 Ediciones de la Casa del Quetupí, El Mollar, Tucumán, Argentina.

ISBN 978-987-42-1534-5