miércoles, 10 de marzo de 2010

Saqueadores eran los de antes



Antes de la hecatombe final del 2012, supo existir en tierras australes, un señor de nombre Julio Bazán.
Supo ser notero, cronista televisivo, de los que hacen “exteriores”. Eso quiere decir que no estaba en el interior del estudio de televisión donde se filmaba el noticiero, sino en un lugar cualquiera de la calle.
Incluso podía ser que estuviera en el interior de una casa, haciendo “exteriores”.
Así era de exclusivo el mundo de la televisión: cualquier cosa que ocurría fuera de los estudios parecía otra realidad, extraña, externa.
Hemos recuperado un video en malas condiciones en las que pueden verse varios días de notas efectuadas desde Chile, luego de uno de los tantos terribles terremotos que intentaron acabar con la plaga humana en el planeta, sin lograrlo definitivamente.
Este terremoto ocurrió en marzo de 2010 y estuvo entre los primeros de magnitud, provocando una cantidad de muertes relativamente pequeña, si se compara con las sufridas meses después.
En este video se ve primero a un Sr. de anteojos, Marquich parecen decirle los que se comunican con él desde el estudio de televisión, que está en Chile, en una ciudad llamada Concepción, sin agua, sin combustible y sin plata. Así lo dijo al menos tres veces a la cámara: sin plata.
Se ve que comenzaba ya la quiebra de las empresas de noticias, pues le mandaron allí sin recursos para solventar gastos elementales en estas expediciones de investigación.
Luego aparece este Sr Bazán, que aparentemente lo reemplaza en su tarea.
Tiene una voz extraña y un modo más que personal de relatar las cosas. Una imitación torpe de un legendario José de Zer, que era un prodigio melodramático ganándose la vida en los medios de prensa más amarillentos que hubiera, agregando con su estilo personal un grado más de dramatismo a los sucesos.
Claro que De Zer se reía de esto, sabía que era actor, no periodista, aunque dijera lo contrario para seguir viviendo de su arte.
Este buen hombre, Bazán, era algo parecido, pero no se sabe si sabía que no era lo que parecía.
Llevaba el relato cargado en la voz y lo iba contando como si lo arrastrara con una soga por la 9 de julio y el relato pesara cada vez más.

Así fue como intentó contar el terremoto.
Como si un terremoto necesitara dramatismo agregado.

Uno recuerda o se imagina, ya no sabe, un domingo en Buenos Aires, caluroso, con la carita de Julio Bazán apareciendo en la caja de sorpresas, transmitiendo desde Chile.
Tal vez Julio Bazán no elegía qué transmitir, pero se supone que bien podía negarse a hacerlo, cuando corría el riesgo de superar su propia imagen de estupidez.
Contaba que, luego de las gravísimas circunstancias vividas en Chile (así hablaba él), lo más importante que tenía para mostrar era el depósito de la Prefectura chilena en Concepción; en realidad un gran patio lleno de heladeras, sillones, cocinas, lavarropas, televisores, equipos para oir música, sillas, mesas, en fin, cantidad de elementos de bazar (no de bazán), que, según relataba, habían sido recuperados por la fuerza pública en los “aguantaderos” de los “forajidos”. Así lo dijo, con esas palabras.
Los "aguantaderos", parece ser, en una ciudad devastada por un terremoto, eran las casas o sótanos que todavía "aguantaban" un grupo humano viviendo adentro. Igual que ahora, cualquier hueco que nos permita sobrevivir, es hogar.
Los forajidos, eran los sobrevivientes del terremoto que habían perdido sus bienes y que tomaban los que se hallaban en las grandes tiendas, con riesgo a quedar bajo montañas de escombros, con un sentido de la previsión admirable en la especie humana.
No había agua ni luz ni gas para calentarse, ni nada, pero la gente se llevaba aparatos eléctricos porque sabía que algún día los servicios volverían y querían estar preparados para ello.
Finalmente, un terremoto les brindaba posibilidades que ningún gobierno a la fecha había facilitado: adquirir un lavarropas automático, cambiar la heladera, dormir en mullidos sillones o colchones de resorte.
Lo que el sismo se llevó era basura vieja, de segunda mano. Pero traía algo de justicia: al menos una vez en la vida podrían usar cosas nuevas, de primera calidad.
“Después“, dijo a la cámara un joven que arrastraba una enorme cama de exposición, con su colchón y su colcha, “que se acabe el mundo!”
Y casi se acaba.

Lo entrañable de este video que he mirado varias veces, como parte de mi tarea de documentar lo que ocurría antes del fin del mundo, es la pasión didáctica puesta por don Bazán en tratar de hacerle entender a su audiencia que había dos clases de saqueo:
a) el saqueo de los buenos, pobres con hambre e hijos que llevaban agua y alimento, víctimas de la desesperación, y
b) el saqueo de los malos, que aprovechando la situación se llevaban las heladeras, los sillones, los televisores y los lavarropas, entre otros enseres.
Los forajidos, digamos.

Dijo, con su estilo trágico, que ésta era la peor injuria que Chile hubiera vivido, un accionar violento como nunca se viera en ese largo y plácido país del Pacífico.
Julio Bazán, más allá de lo que su productor le indicara, más allá de lo que le mandaran transmitir, eligió que:
El golpe de Estado de 1973 nunca existió.
Pinochet, sus secuaces y el Plan Cóndor, nunca existieron.
La brutalidad del Ejército Chileno y de las fuerzas de seguridad chilena, nunca ocurrieron.
No hubo desaparecidos por causas políticas en Chile, nunca se torturó prisioneros, nunca se persiguió opositores, jamás se reprimió a los pueblos originarios que reclamaban tierras.
No hubo asesinatos por causas ideológicas en Chile.
Jamás le cortaron las manos a Victor Jara mientras tocaba la guitarra en el Estadio Nacional.
Nunca se exterminaros poblaciones enteras por medio del trabajo esclavo en las minas del norte.
La mayor violación de derechos que ocurrió en Chile, según Julio Bazán, fue la cometida por esos “rotos de mielda” contra las superpoderosas cadenas de distribución.
Lo peor que le ha ocurrido a Chile, parece que han sido los pobres.
Y sobre todo, los pobres que después de perder sus pocas cosas durante un terremoto, pretenden recuperarlas sin pagar.
Los pobres de Chile no saben que después de los terremotos, los tsunamis y las guerras que destruyen todo, el capitalismo florece como si una lluvia de primavera le hubiere dado energías nuevas. El mejor de los negocios es el de la reconstrucción, de allí tanto afán en destruir.

Cuántos enseres había en el patio de la Prefectura Chilena?
Veinte sillones?
Diez heladeras?
Quince lavarropas?
Cien, doscientas prendas?
Mucho más no entraba allí.
En los cementerios se enterraron más de ochocientas víctimas por esos días.
Otros quedaron sepultados por escombros, aunque por entonces, al ser menor la cantidad de muertos que ahora, la gente se ocupaba de buscarlos.

Da vergüenza pensar que uno vivió esas épocas sin pensar en nada importante.
Que a uno le llenaran la cabeza desde la televisión con ideas bobas.
Da vergüenza pensar que todo se compraba, y lo que más fácil se vendía era la opinión, el talento, la fuerza de trabajo más refinada de todas.
Este Julio Bazán nunca fue importante ni lo será, pero verlo varias veces me hizo sentir incómodo, muy incómodo. Y tardé un poco en darme cuanta por qué.
Era una muestra pequeña de lo rotos que estábamos antes de que nos terminara de romper la tierra con su cadena de sismos e inundaciones.

Que alguien se hiciera llamar periodista, cronista, reportero, notero o lo que fuera, y que a la edad del Sr Julio Bazán, que parecía ser un hombre de medio siglo al menos, no pudiera distinguir lo importante de lo accesorio, no supiera qué hechos merecían relatarse, es una muestra de la decadencia que vivmos antes del fin del mundo.
Daría más vergüenza aún pensar que sí sabía lo que hacía, que elegía mostrar a unos pobres desgraciados sin casa, sin trabajo, sin futuro, como lo peores delincuentes de un país que antes de esto ya había sufrido incesantes saqueos de riquezas minerales, de recursos naturales, de personas, de derechos laborales y tantas otras cosas.
Este Julio Bazán intrascendente, que ya nadie recuerda, me ha hecho pensar en que no podremos reconstruir la vida en el planeta nuevamente si no ponemos algunas reglas claras.
Los que hemos sido señalados por el Gran Consejo para reconstruir la historia del pasado, con el expreso mandato de que “resulte edificante, ejemplificadora y alentadora de las mejores acciones de los jóvenes”, estamos preocupados por corregir algunas cosas que nos llevaron antes por caminos indeseables.
Como la costumbre de acostumbrarse a todo acríticamente.
De dar por sentado lo que ocurre como lo único posible.
De sostener la existencia de lo obvio para no profundizar en nada.
De considerar poco importante las nimiedades diarias que construyen una vida…

Este Julio Bazán, que parece tan intrascendente me ha ayudado a pensar otra vez en lo que debemos enseñar a los jóvenes.
Ya he anotado en la agenda común para la próxima reunión del Pequeño Consejo, un tema de importantes consecuencias para la humanidad que ha quedado en pie:

Nunca más una heladera valdrá más que una persona.



viernes, 5 de marzo de 2010

Haciendo cola para sacar entradas

Era una típica fila de estos tiempos, retorcida y apretada como un intestino dentro de la panza. Como el cerebro en la cavidad craneal.
Los nuevos licenciados en Ciencias Blandas, especialidad en Acomodación de Gentes en Espacios Públicos, aprendían de la burda naturaleza los conceptos de economía y eficacia.
La gente se enrollaba como una serpiente neurótica, siguiendo un laberinto de cintas indicadoras y de carteles sostenidos sobre elegantes pies de metal plateado, como percheros sin perchas, apenas unos rectángulos amarillos en los que siempre había una flecha indicando la derecha y un criterio que determinaba si un o debía o no seguirla.
La fila comenzaba en la vereda y entraba compacta por la puerta del edificio. Y por tres metros seguía así. Allí aparecía el primer cartel amarillo con su flecha roja, que decía: “Si usted siente vértigo ante la profundidad, vaya a la derecha”.
Allí había gente que dudaba y se desprendía de la fila para formar una nueva; a la derecha. Algunos se mostraban más decididos: eran los que especulaban con la ventaja de ser los primeros de “su” fila en lugar de hallarse en medio de la fila general. a esos les importaba más el lugar que ocupaban que el sitio al que se dirigían y los acomodadores solían mirarlos con lógico desprecio.
Luego seguía el laberinto unos metros más y aparecía el segundo cartel: “Si usted tiene menos de 90 cm de busto o menos de 20 cm de pene, puede seguir a la derecha”. Era una invitación, más que una imposición.
Se desprendían, a veces, algunas mujeres enfurruñadas por su incapacidad para mentir y demostrar que podían quedarse en la fila general. No se recuerda haber visto hombre alguno que desviara en aquella flecha; salvo uno al que su mujer empujó de mala manera un miércoles por la tarde con gesto amenazante. El hombre apenas si se repuso e intentó regresar, pero un dejo de dignidad lo detuvo, la miró con odio mortal y se puso a conversar con una chica tipo tabla de planchar acerca de aquellas flechas indiscretas. Ninguno de los dos mencionó para nada a la gordísima esposa que se quedaba en la fila principal, mientras algunos de los que presenciaron el hecho se preguntaban qué sucedería cuando todo terminara y debieran regresar a la vida normal y a la casa en común.
A continuación, la fila daba un par de vueltas sin desprendimientos, y aparecía un nuevo cartel, el tercero, que decía: “Si a usted la falta de perspectiva nunca le ha molestado, siga a la derecha.”
Allí se producían nuevas vacilaciones y consultas con los jóvenes de uniforme amarillo y rojo, con birrete a rayas y ancha sonrisa en la cara, puestos ex profeso porque se había detectado que resultaba una de las elecciones más difíciles de aceptar. Así, en muchos casos debían definir el concepto de “perspectiva”, o explicar los síntomas de la falta de perspectiva y también del desinterés por la misma. En general, estaba ya analizado, el cincuenta por ciento de los que dudaban y, por ende, preguntaban, terminarían doblando a la derecha. A veces más.
El cuarto cartel era el anteúltimo y había que detenerse a leerlo porque el texto era algo más largo que en el resto. La verdad, es que allí los organizadores se jugaban el todo por el todo y los de la fila también. Decía, con letra más pequeña y apretada: “Si a usted le molesta el olor de sus vecinos de fila, si odia ir por donde van todos, si siente la necesidad de ser original y diferente a toda costa, si no soporta ser del montón, siga a la derecha”.
En rigor de verdad, debe decirse que allí se producían unos cuantos desprendimientos. Por snobismo o por sinceridad, por caer en la cuenta repentinamente de los olores circundantes -en verano sobre todo-, o por llamar la atención, el tema era que una cantidad importante giraba a la derecha y abandonaba la gruesa fila general.
El último cartel estaba era diferente, pues las flechas señalaban en la dirección contraria; estaba en el último recodo izquierdo del sendero y decía: “Si usted aún tiene dudas de su pertenencia a esta fila por cualquier motivo que sea, o siente la necesidad de girar a la derecha, todavía puede hacerlo siguiendo las flechas hacia la izquierda.”
Era una salida invertida, como se comprenderá, que daba una gran voltereta para terminar acoplándose a la fila selecta de los que habían ido saliendo a la derecha en cada cartel. No eran pocos los disconformes, con caras neuróticas y preocupadas, quejosos de la insoportable espera en la fila general, ansiosos por llegar al final sin cumplir los pasos previos, indecisos respecto de sus verdaderos objetivos, los que doblaban a la izquierda de la fila general, que era como decir la izquierda de la izquierda de todas las demás filas, para reunirse finalmente con los que se hallaban a la derecha, más allá o más acá, pero a la derecha.
Resultaba interesante ver el modo en que se insertaban en las diferentes filas de la derecha, con qué temores y excusas, qué gestos angustiosos y aparentemente agresivos, qué horrible sensación de inconformidad no resuelta a la que se agregaba el no poder volver atrás, ya fuera por amor propio o por miedo, o porque el tránsito se volvía complicado y se perdía el rumbo.
A pesar de todo, un porcentaje pequeño de estos que salían por izquierda para acumular las filas de la derecha, al sentir aquellas feas contradicciones que les provocaba no reconocerse como el “usted” de ninguno de los carteles, se salía de las filas y volvían a la calle para volver a engrosar la fila general. Actitud meritoria, si las hay, la de reconocer las equivocaciones y volver a empezar, aunque eso retrase un poco la llegada a la meta.
Más allá del último cartel, se abría un espacio de apenas dos metros de largo, con cinco bocas: cuatro más anchas para la fila general y una más pequeñas para las filas de la derecha. Sin embargo, éstas últimas desembocaban en un corredor común a todas ellas, pero separado por cintas de control, del espacioso hall donde desembocaba la mayoría.
Enfrente estaban, visibles desde todas partes, las boleterías: para los de la fila general había cuatro boleterías para ver la película en 3D; para las cuatro filas de la derecha, había una boletería en la que se vendían entradas para la misma película, pero en 2D.
Cabe destacar que los boleteros de la izquierda no tenían tregua, trabajando a un ritmo enloquecedor. Los boleteros de la derecha tenían un ritmo más descansado, dada la menor afluencia de gente, y así podían incluso observar y teorizar sobre los errores de sus compañeros de la izquierda, lo que era recogido por los supervisores para redactar luego reglamentos generales para todos. De más está decir quiénes salían beneficiados y quiénes perjudicados con aquellos reglamentos aparentemente objetivos, cargados de tendenciosidad de los de la derecha.
Si algo puede agregarse como un dato más, es la diferencia de tono entre una y otra sala de proyección. Los de la fila general ingresaban a las salas bulliciosamente, discutiendo entre sí el valor y deber de dar propina a los acomodadores, comprando kilos de pochochos y vasos de gaseosa con hielo, anticipando la película a los gritos, discutiendo por los asientos, pensando como robarse los anteojos 3D que jamás les servirían para nada que no fuera contar cómo se los robaron…
En fin, era una masa alocada que terminaba acomodándose compactamente y que recién a los cinco minutos de iniciada la proyección empezaba a prestar atención, tal vez más, con la lógica desesperación de los proyeccionistas que se preguntaban si no se habrían equivocado de peli. Luego, solían reírse compactamente, llorar a veces y extender por la sala una emoción indetenible y terminaban aplaudiendo ruidosamente. Al salir, se prometían a sí mismos que jamás olvidarían aquello, lo que solían no cumplir hasta que las cosas se ponían de verdad difíciles y recordar la película vista en común, les ayudaba a reconocer en qué fila debían pararse para la próxima función.
En las salas de la derecha había poca gente, se podían elegir los asientos, los puntos de vista, hasta el compañero de al lado. Las gentes entraban medrosamente, escandalizadas por los barullos de los que desembocaban en las salas del 3D, silenciosas, aprensivas y conversando acerca del valor de mantener las tradiciones: el cine nació plano y así debía seguir, qué sentido tenía agregar otra dimensión? Generar el caos y pretender ser parte de algo de lo que jamás se podría ser parte. Transgredir y subvertir los valores: uno vive en 3D y ve películas en 2D, así lo hicieron los abuelos y los padres y no hay por qué cambiar las cosas… Esto de meter en otra dimensión a la gente traería gravísimas consecuencias futuras y nos aparejaría terribles problemas con el resto del mundo y...Etcétera.
Un solo vendedor de pochocho y bebida, abastecía las cuatro salas con cara de desesperación: sabía que vendería poco. Eran amargos y estaban siempre a dieta, se quejaban de los precios, jamás daban propinas y siempre se sentían maltratados, decían los empleados. Nadie quería ir a atender o a vender a las salas de la derecha, así que la Gerencia se vio obligada a mandarlos a todos por riguroso turno, para evitar conflictos gremiales.
Además, habían exigido que hubiera botellas de agua gratuitas en sus salas. Había una sospecha general que producían pérdidas en todos los sentidos, pero muchos de ellos tenían parientes accionistas en el complejo cinematográfico y eso impedía que las cosas cambiaran definitivamente.
Luego comenzaba la película en las dos salas y ¡qué se puede decir?
En fin, que una cosa es ver la vida en 3D y otra es verla como una película chata, no?
Y eso hace toda la diferencia.

jueves, 4 de marzo de 2010

Empujando la piedra hacia arriba

"Anna, querida, no hemos fracasdo como nos pensamos.
Hemos pasado la vida luchando para que la gente un poco menos estúpida que nosotros aceptara verdades que los grandes hombres ya sabían desde siempre, cosas como que encerrar a un ser humano y aislarlo completamente lo convertiría en un loco o en un animal. Ellos siempre han sabido que un pobre hombre temeroso de la policía y del casero es un esclavo. Siempre han sabido que la gente asustada es cruel; siempre han sabido que la violencia origina más violencia. Y nosotros lo sabemos. Pero, ¿lo saben las grandes masas de gente que van por el mundo? No. Por eso, nuestro trabajo es decírselo, ya que los grandes hombres no quieren tomarse esa molestia. Ellos tienen la imaginación ocupada en cómo poblar Venus; en sus mentes ya están creando visiones de una sociedad llena de seres humanos libres y nobles. Mientras tanto, los seres humanos van diez mil años retrasados y son prisioneros del miedo. Los grandes hombres no quieren tomarse esa molestia. Y tienen razón. Porque saben que estamos nosotros, que somos los que empujamos la piedra; en realidad, saben que seguiremos empujando desde la parte más baja de la montaña, mientras ellos están en la cima, ya liberados. Toda la vida, tu y yo, la pasaremos gastando las energías, el talento, para conseguir que la piedra ascienda un par de centímetros más. Ellos confían en nosotros y tienen razón; y por esto a fin de cuentas no somos inútiles."
Doris Lessing, "El cuaderno dorado", traducción de Helena Valentí, Edición "Punto de Lectura", 2008, página 738.

El curioso caso de la piadosa señora S.

La piadosa Señora S. ha fallecido hace algunos años. Y lo curioso del caso es que ha adquirido notoriedad justamente a partir de este hecho infausto.
La piadosa Señora S. era una mujer muy rica y extravagante, que tenía por costumbre dudar de todas las cosas de este mundo, variando continuamente de ideología, peso, talla, estados de ánimo, etcétera.
Igual que cualquier otra señora común, pero en un modo mucho más extremo.
Si ella aumentaba de peso algún deprimente invierno, no eran dos o tres o cinco kilitos de más. Eran 20 ó 30 ó 45 kilotes. Y lo mismo ocurría cuando bajaba de peso.
Razón por la cual, la piadosa Señora S. compraba mucha ropa. Y regalaba mucha ropa.
Así fue cuando falleció tan tristemente para todos y tan serenamente para ella, ya que al borde de la agonía pudo reconocer la firmeza perdurable de la muerte. Porque la piadosa Señora S. también acostumbraba mudar de estados de salud, pasando de la más envidiable y sana temporada en el Caribe al más oscuro y deleznable cáncer, para volver luego a otro periodo de sana displicencia, con el consiguiente asombro de médicos y curanderos, que se atribuían las repentinas mejorías pero nunca se atribuyeron las impredecibles recaídas.
Desde gripes y quemaduras a paraplejías y diabetes, por todos los estadíos pasó la señora S. a lo largo de su fructífera vida, en la que alternaba el trabajo humanitario con la actividad delictiva sin que se le notara la menor inquietud en el rostro.
Pero cuando decidió cambiar para siempre y estabilizarse, sólo pudo, pobrecita, hallar el único etado que garantiza tal decisión: se murió de muerte natural, es decir de una enfermedad cualquiera que la justificara.
Y así fue que comenzó la curiosa historia, pues aunque en vida podía considerársele todo un personaje, sufrió dela envidiosa indiferencia del resto de los mortales, que suelen tener por costumbre negar a los vivos las virtudes que reconocen en los mismos vivos ya muertos.
Y así fue como luego de llorar su repentino y demasiado pronta partida y de lamentarse por su falta, debieron emprender sus amistades la engorrosa tarea de poner en orden sus cosas para facilitar su total desaparición de este mundo.
Porque tal vez sea de alguna importancia destacar que la piados Señora S no tenía herederos y había legado todo, a último momento, cuando entendió que su férrea voluntad ya no le serviría para volver atrás, a los pobres. Lo que como se comprenderá, lo complicaba todo.
Hubo así extensas discusiones acerca de quiénes se considerarían como legítimos sucesores de la piadosa Señora S., las que llevaron casi un año.
De pronto aparecía alguno, que había sido muy desinteresadamente amigo de la piadosa Señora S en vida, y planteaba que si el era inquilino y no tenía casa alguna donde vivir, podía considerarse pobre frente a las innúmeras propiedades de la piados fallecida y así, heredar una de ellas.
Otro sugería con mucha lógica que, siendo vecino de toda la vida de la familia de la piadosa Sra S en tierras australes, donde la muertita había heredados miles de hectáreas, y considerando que sus campos no pasaban de una centena de tal unidad de superficie, era muy sencillo verificar su grado de pobreza respecto de esa cuestión en particular, y así reclamaba con énfasis y considerándose ajustado a derecho, se le otorgara la titularidad de las tierras que si ya eran improductivas, lo serían más con el riesgo de pasar al Estado. Y alegaba con el mayor convencimiento: “Porque convengamos que la tierra sin cultivar siempre será menos improductivas en manos privadas que en manos del Estado“.
Así, se formaron comisiones de negociadores y amigos, con la intervención de muchas partes, de familiares muy lejanos, tanto que ni siquiera habían conocido a la occisa, de compañeros de trabajo y aventuras, de la iglesia, por supuesto, ampliamente representada por diferentes órdenes y congregaciones, de vecinos y amigos ocasionales, ex-amantes, cuidadores de sus perros, porteros de edificios y toda la caterva que se enteró y logró anotarse.
El albacea de la piadosa Señora S estaba al borde de acompañarla en su nuevo estado de pobreza en el más allá, pero se negaba a renunciar, más por ambición que por lealtad, más por repugnancia frente a tanta desinteresada aparición de pobres que por responsabilidad, y trataba de acomodar a todos en innumerables comisiones de peticionantes, dejando que se destrozaran entre ellos con la secreta esperanza que da la persistencia en la tarea de ver caer los enemigos uno a uno y por sí mismos.
Un buen día, un grupo de solícitas mujeres pertenecientes a varios ambientes diferentes de confraternización con la difunta, aparecieron sugiriendo comenzar a vaciar las propiedades de la piadosa muerta, con el objeto de evitar que se deterioraran sus bienes muebles en manos de grillos y polillas, repartiendo todo lo que se hallara verdaderamente entre los pobres anónimos que pululan por las calles.
Hubo una serie de reuniones cruzadas a efectos de aprobar un reglamento de distribución entre todos, y unos dos meses después de la propuesta, la férrea voluntad del albacea se impuso y se inició una prolija limpieza de departamentos y casas y un exhaustivo y muy controlado reparto de ropas, zapatos, carteras, cubiertos, vajillas y todo lo que al amable lector que aún persiste en la lectura de este opúsculo, se le ocurra pudiera haber en aquellas casas, a excepción de todo objeto considerado valioso como joyas, cuadros y esculturas, las que fueron resguardadas bajo riguroso inventario.
Como la piadosa Señora S tenía por costumbre cambiar de peso a cada rato, en sus placares y cajones se hallaron ropas de todos los tamaños imaginables, desde XXXXL a SS, es decir de talla 68 a 14, para los que son más dados a indicaciones aritméticas y no se hallan con las alfabéticas.
Por lo que hubo para muchos, ya que no es posible decir para todos, con semejante universo heredero: los pobres.
Así fue como gente de todo tamaño recibió prendas de ropa y calzado de la piadosa Señora S, como para vestir por años.
En general los pobres suelen ser agradecidos frente a estos hechos y a veces, muy piadosos. Por lo que comenzaron a rezar por el alma de la Señora S en sus oraciones y hasta hubo quiénes le encomendaron ser su inermediaria frente a peticiones, que por lo sencillas y nada pretenciosas, se cumplían puntualmente. Con lo que comenzó a correr el rumor acerca de la santidad y benevolencia aún en el más allá de la piados señora S que se dignaba conceder no sólo sus más queridas prendas, sino también alguno que otro favor a los humildes que así lo pedían.
Luego se iniciaron algunos rituales en relación a cómo deberían pedirse los favores y qué colores de velas debía prenderse para su alma y demás. Esta reglamentación, a despecho de muchas opiniones científicas sobre la imperiosa necesidad humana de crear símbolos para todo, surgió de los primeros fracasos en la resolución de cuestiones planteadas por los peticionantes. Ante el peligro de la pérdida de la fe, lo que resulta sumamente engorroso y antieconómico por la cantidad de bienes, insumos, energías y palabras que se necesitan para reemplazarla, los feligreses más sabios señalaban: “Ah, pero lo que pasa es que usté no ha pedido como se debe… por eso no se le cumple”.
Y lógicamente, eso trajo rituales.
Y la necesidad de una imagen a la que ver, porque los humanos somos así, que necesitamos ver para creer. Y así nos va yendo.
Entonces, comenzaron a circular imágenes de la piadosa Señora S por todas partes.
Claro que los beneficiarios de todos sus dones terrenos y celestes desconocían la verdadera imagen de la piadosa Señora S.
A decir verdad, ella misma la hubiera desconocido, ya que tanta veces la cambiara a lo largo de la vida. Comenzó así una búsqueda exhaustiva de imágenes de la nueva deidad, a la que ya no sólo le dirigían sus rogativas los primigenios beneficiarios de sus prendas, sino también cualquiera que se enteraba de la eficacia real o supuesta de su intercesión espiritual.
Con algunas pocas fotografías rescatadas y descripciones de algunos desconocidos que aparecían repentinamente como cercanos amigos de la difunta, se fueron reconstruyendo las imágenes.
Aquellos que pesaban más de cien kilos, se inclinaban por una especie de matrona voluminosa, sonriente y plácida, como si recién acabara de comerse una torta de chocolate.
Los que pesaban menos de sesenta, la imaginaron delgada, de ojos elevados al cielo, etérea y pálida, en un estado de éxtasis que sólo la hambruna puede permitir.
Luego había intermedias, según que los promotores de la misma lucieran amplias caderas y cuerpos con forma de botella, o tuvieran aspecto de pollo, con caderas pequeñas y pechos voluminosos.
Las había rubias, castañas y morochas, todas de piel blanca, eso sí. Pecosas, narigonas, ñatas, de ojos café, azules, verdes, hasta violetas, cachetudas, sumidas, de cejas finas o gruesas, de frentes amplias o flequillo, de mentones largos o papadas gruesas, pero todas rosadas o amarillentas, ninguna morena.
Y no faltó quien la representó con una pierna más corta debido a una serie de prendas de vestir asimétricas de una famosa colección, que sólo a ella podían gustarle y además quedarle bien.
Las imágenes eran disimiles pero todas eran la piadosa Señora S. porque así lo habían decidido sus fieles seguidores.
Y como sólo se le rezaba en altares privados, para evitar degastantes disputas con el curato, nunca hubo discusiones acerca de la verosimilitud de cada una de las representaciones. Era harto conocida por la opinión pública interesada en el tema que la piadosa Señora S. había pasado a lo largo de su vida terrena por los más variados estados físicos, razón por la cual nada importaba de qué modo se la imaginara. Todas las figuras eran posibles y verdaderas.

Y así fue como se inició el mito de la piadosa Señora S, que sería en la muerte como en la vida: voluble y cambiante, generosa y prescindible, perdurable en su mutabilidad continua, impredecible.
El resto de sus bienes? Aún están discutiendo su distribución más equitativa.

sábado, 19 de diciembre de 2009

El amargo sabor de la cizaña

Por Jorge Coscia *

Publicado en Página/12.

A decir verdad, me parece que el Secretario de Cultura de la Nación, da por el pito más de lo que vale. Ya nadie le cree a Eliachev, ha hecho méritos para ganárselo. Pero me parece que el relato de la anécdota, sirve como muestra de lo que hace cierta clase de periodismo todo el tiempo: tergiversar y mentir.
"Miente, miente, que algo quedará.

La Argentina enfrenta hoy, como tantas otras veces en su historia, una encrucijada en la que se define su suerte para las próximas décadas. Se enfrentan aquí diferentes modelos y perspectivas ideológicas que representan intereses contrapuestos.

De este y otros temas fui a hablar al programa de televisión Le doy mi palabra, gentilmente invitado por su conductor, Alfredo Leuco. Durante el programa, José Eliaschev, habitual columnista, no me habló. Casi ni me miró mientras yo discutía con sus compañeros. No me trató como a un invitado, ni siquiera como a un adversario. Cuando, al finalizar mi intervención, me levanté con la intención de saludarlo, se retiró de la mesa y, sin siquiera mediar palabra, salió del estudio. Curioso modo de hacer honor a los buenos modales y a las formas que diariamente le exige al Gobierno. En cambio, sus compañeros de programa sí tuvieron la delicadeza de intercambiar ideas y saludos conmigo.

Pero no fue la falta de caballerosidad de Eliaschev lo que me perturbó, sino la innoble, mezquina y mal intencionada versión que puso a circular sobre mi intervención de aquel día. Así se refirió a mis dichos: “El secretario de Cultura de la Nación desmereció de manera grosera a Uruguay, cuando al querer replicar mis elogios a la admirable madurez democrática del pequeño país murmuró con tóxico despecho que Uruguay ha sido siempre una colonia británica y un país que expulsó a 600.000 de sus ciudadanos por no poder darles de comer”. Y agregó, “Personajes como Coscia integran el gabinete ministerial de Cristina Kirchner, que dentro de pocas horas debe ir a Montevideo a entrevistarse con el presidente electo José Mujica”.

Para poner las cosas en su justo término, permítanme citar textualmente lo que dije: “Me parece muy bien tomar como ejemplo los mejores elementos que tenga el Uruguay, (pero) es difícil tomarlo (como modelo) para la Argentina, por la mera razón de que más o menos unos 600 mil uruguayos se han venido a la Argentina, como muchos pobres de América latina en los últimos 30 años, y han sido recibidos como latinoamericanos (...). El modelo uruguayo, ¿qué ha sido a partir de la (caída) del Imperio Británico? Entra en una decadencia que es la que explica el fenómeno de los tupamaros en el ‘63, que están discutiendo no un modelo formal político, sino de injusticia social profunda que empieza cuando (...) el Imperio Británico desaparece del escenario del Río de la Plata. Entonces, ¿qué ocurre?, en Uruguay es difícil discutir si (es posible un país) agrícola o industrial”.

En sintonía con la perspectiva histórica que quise ofrecer e intentando una reflexión más amplia sobre modelos de país, hice míos algunos de los argumentos de quien, a mi juicio, fuera el agudo pensador del Uruguay y la integración regional, el recientemente fallecido Alberto Methol Ferré. Fue el inolvidable Tucho quien nos explicó que el derrumbe de la hegemonía británica en el Río de la Plata puso en crisis el modo semicolonial en que Uruguay se había insertado en el mercado internacional, provocando la dramática expulsión de miles de uruguayos de su propia patria. “Ese Uruguay que se asentó sobre el frigorífico está cerrando su ciclo cuando los frigoríficos extranjeros se retiran. Esta retirada no es más que uno de los últimos estertores de nuestra inclusión en el Imperio Británico que estaba preparada por las nacionalizaciones de posguerra (...). Como era inevitable, ese cambio total de condiciones debía sentirse en todos los órdenes de la vida uruguaya. En la crisis de los partidos tradicionales, en la pequeña burguesía urbana, en los sindicatos.” (La crisis del Uruguay y el Imperio Británico, 1958.)

¿Acaso Methol Ferré merece también las diatribas de Eliaschev? Pero, en verdad, bastaría con comparar mis dichos textuales con lo escrito por el periodista para poner de manifiesto la mala intención que, además de difamarme, intentó tensionar las relaciones entre dos países hermanos, frente a la circunstancia del viaje presidencial.

Lo que sostuve sólo puede escandalizar a los nostálgicos de George Canning o Lord Ponsomby y no ofenderá, estoy seguro, a los actuales herederos de Artigas que desde el gobierno oriental honran su memoria. A mí en particular no me agraviaría que alguien sostuviera que males equivalentes también amenazan a la Argentina. Los efectos devastadores del modelo sojero agroexportador “liberado de los Kirchner” y las retenciones condenarían a miles de argentinos a un destino de desempleo y de pobreza, cuya única salida (y para pocos) sería Ezeiza.

Es de destacar la madurez democrática del Uruguay, pero hablando de toxicidad, es envenenado y de mala fe hacerlo siempre en detrimento de nuestra democracia y presentando a Argentina como la contracara defectuosa del país oriental.

La actitud de Eliaschev se encuadra en una lamentable tradición de vieja data que, con la intención de difamar a sus adversarios, no duda en desinformar y tergiversar, incluso a riesgo de lesionar la relación con países hermanos.

¿Habrá confundido Eliaschev el sincero “ni vencedores ni vencidos” de Pepe Mujica al celebrar su victoria, con el cínico del general Lonardi al derrocar a Perón en 1955?

Descarto esto, pero para confirmarlo propongo empezar por aceptar la mano de un entrevistado, respetando sus convicciones y argumentos, sin tergiversaciones que tengan el amargo sabor de la cizaña.

* Secretario de Cultura de la Nación

viernes, 18 de diciembre de 2009

Ya es hora de perder la inocencia

02-12-2009 , publicado en EL Argentino


Jorge Giles
Una postal del país muestra a miles de familias humildes cuando ayer comenzaron a percibir el cobro de la Asignación Universal por Hijo.

Acercando la mirada es posible apreciar la alegría de los que muy poco o nada tenían, hasta que la Presidenta anunció la que es una de las decisiones de mayor impacto social favorable en toda Latinoamérica.

Aproximadamente 3 millones de argentinitos empiezan a disfrutar de un ingreso familiar que les pertenece por derecho propio, sin intermediarios, usando una tarjeta bancaria que les brindará mensualmente a sus padres los 180 pesos que les corresponde a cada uno.

Otra postal en cambio, muestra a los grupos de variado pelaje opositor que marcharon sobre la Plaza de Mayo para exigir la potestad de distribuir los cupos de trabajo cooperativo financiado por el Gobierno nacional.

No pedían trabajo, por que el Programa Argentina Trabaja es justamente el que otorga trabajo para todas las familias de alta vulnerabilidad social, realizando pequeñas obras públicas que planifica cada municipio a través del sistema de cooperativas y donde cada trabajador empezará a cobrar por el trabajo realizado con una tarjeta del Banco Nación y sin intermediarios. Si alguien se presenta como tal, la ministra Alicia Kirchner, solicita públicamente se lo denuncie al 0800-222-3294.

Estos grupos piden ser ellos, los intermediarios clientelistas del trabajo de los más humildes.

Otras postales. El salario argentino creció durante el último mes, mientras en el mundo se sigue derrumbando estrepitosamente. Cristina dijo en la Cumbre Iberoamericana, que los argentinos defendemos a la democracia sin ningún tipo de concesiones, en relación al golpe en Honduras. La ofensiva golpista en el Parlamento es resistida por el Frente para la Victoria, sencillamente por que hace respetar el mandato de la voluntad popular que eligió por abrumadora mayoría a este gobierno.

¿Nada de esto les es importante a los dirigentes que ponen el guiño a la izquierda pero doblan siempre hacia la derecha?

Preferimos dar la batalla cultural a “los dueños de la certeza” con un puñadito de verdades relativas repletas de preguntas.

¿Se está recreando una nueva Unión democrática como en el 55?

¿Eduardo Duhalde es la nueva carta de recambio presidencial?

¿Los piqueteros antioficialistas hacen de tropa operativa de los monopolios mediáticos que ayer se hicieron un picnic usando el “acampe” contra el gobierno más progresista que dio esta democracia pos derrota popular, pos dictadura, pos menemismo, pos Alianza, pos Duhalde en el Puente Pueyrredón?

¿La proclamada “crispación” y la “ola de inseguridad”, son parte de una operación de “inteligencia política” para socavar al Gobierno?

Alguna vez el poeta y militante Paco Urondo escribió que “ya es hora de perder la inocencia, ese estupor de las criaturas que todavía no pudieron hacerse cargo de la memoria del mundo al que recién nacieron. Pero nosotros, hombres grandes ya, podemos olvidar, sabemos perfectamente qué tendríamos que hacer para dañar el presente, para romperlo. Aquí nadie tiene derecho a distraerse, a estar asustado, a rozar la indignación, a exclamar su sorpresa”.

La derecha está decidida a romper este presente. Pero no tiene jefes. Se desbarrancó quien fuera candidato a serlo, Mauricio Macri, espionaje porteño mediante. Por eso acuden a tan gastada y anacrónica carta del señor Duhalde.

Pero los que no se sienten de derecha ¿volverán a serles funcionales?

El arte de la política, decía Gramsci, puede cometer cualquier error de confección, menos el de no aprender de la historia ni valerse de sus raíces más profundas.

Si no quieren leer a Jauretche, a Perón, a Scalabrini Ortiz, al Bebe Cooke, a Hernández Arregui, debieran leer un poco más a Gramsci. Y estudiar la historia del pueblo argentino. No para copiar nada, sólo para aprender y reaprender, cotejar y decidir.

Demasiados dolores enseñan que la única revolución es la que hace feliz a un pueblo y grande a una Nación.

jueves, 17 de diciembre de 2009

La brecha que se agranda es la del desconocimiento acerca de la distribución del ingreso monetario

Norberto Itzcovich, Director Técnico del INDEC

Claudio Comari, Director de la Encuesta Permanente de Hogares

Varios medios de comunicación masiva, analizando la información de ingresos producida por el INDEC a partir de la Encuesta Permanente de Hogares, han realizado la peor interpretación posible de los datos, sacando conclusiones absurdas por combinar en una sola operación cuatro elementos: analizar los ingresos individuales, utilizar la “brecha de ingresos” y hacerlo a partir de promedios, y no tener en cuenta la variabilidad entre períodos. Al final del presente artículo vamos a explicar lo que sí se podría haber informado según los datos provistos. Aunque en el mismo comunicado del INDEC hemos tenido la delicadeza de poner un anexo metodológico breve, escrito en un lenguaje llano, con gráficos que lo hicieran accesible al lego, parece haber sido un esfuerzo vano: no hemos logrado hacernos entender (no queremos pensar que hubo mala fe).

Vamos a intentar de nuevo …

La distribución del ingreso no puede analizarse a la luz del ingreso que individualmente perciben las personas, ya que es incorrecto decir que un ingreso individual bajo corresponde a una persona pobre. Por ej.: en el mismo hogar puede haber una persona que haya percibido el mes anterior $5.000 y otra que haya percibido $300. El hogar habrá percibido $5.300, pero la 1º persona estaría entre el 10% “más rico” y la segunda en el 10% “más pobre”.

Para más datos, en el 2º trimestre de 2009 sólo el 23,8 % de los individuos del grupo decílico de menores ingresos pertenecen al 10% de los hogares más pobres. De hecho, el 8% de individuos con ingreso personal más bajo pertenece al 30% de los hogares con ingresos más altos.

La “brecha de ingresos” (como se mal denomina al estimador de razón de Kutznets) es una “medida” que goza de gran popularidad...sólo en nuestro país. La gran mayoría de la literatura especializada ni siquiera la considera entre las medidas de desigualdad. Esto no es caprichoso sino que obedece a que se trata de un estadístico tan poco robusto que hasta puede arrojar resultados contradictorios.

Volvamos a los ejemplos. Supongamos que se distribuyen $1.000 entre 10 personas de la siguiente manera: el más rico se lleva $300, el más pobre se lleva $10 y los 8 restantes reciben $690 en total; la brecha será entonces de 30 ($300/$10). En el mes siguiente los $1.000 se reparten así: el más rico se lleva $500, el más pobre $20, y los restantes $480, por lo que la “brecha” se habrá reducido a 25 ($500/$20), aunque en este último caso el individuo más rico se haya apropiado de la mitad de lo distribuido.

La utilización de las promedios en las estadísticas de distribución del ingreso están desaconsejadas, ya que son muy sensibles a la presencia de valores extremos (los valores excepcionalmente altos, o bajos). Mucho más las medias de los extremos de la distribución, doblemente afectadas por lo mismo. Observar las medianas de ingresos por encima de las medias, es una de las recomendaciones del informe Stiglitz – Sen – Fitoussi de setiembre de este año.

Conforme a las prácticas usuales para las encuestas continuas de empleo, los ingresos de las personas y los hogares relevados por la encuesta son aquellos efectivamente percibidos en el mes de referencia (mes anterior a la entrevista).

Ello trae aparejado que los resultados obtenidos se vean afectados por la inclusión de valores de ingresos no representativos del ingreso personal disponible. Partidas como el aguinaldo para los asalariados, los ingresos de profesionales independientes o por actividades del sector agropecuario, por ejemplo, están sujetas a períodos de percepción distintos al mes; por lo tanto su inclusión comporta un efecto distorsivo para todas las distribuciones, de particular impacto tanto sobre las medidas de desigualdad como sobre las estimaciones de pobreza.

Por lo tanto la comparación de punto de observación contra punto de observación, no resulta apropiada. La atención debe centrarse sobre la línea de tendencia de las sucesivas estimaciones.

Lo que sí se puede afirmar:

La Encuesta Permanente de Hogares asume el hogar como una de las dimensiones de análisis. ¿Por qué se utiliza el concepto de hogar? Porque las personas, para vivir, en cada una de las viviendas se nuclean en grupos a partir de los cual desarrollan diversas estrategias de vida, sostengan o no vínculos de parentesco entre sí. Es por ello que se define el hogar como la persona o conjunto de personas, que compartiendo una vivienda también comparten gastos esenciales para vivir.

Al efectuar una medición del ingreso de cada una de las personas que componen el hogar, se llega luego a una sumatoria referida al Ingreso Total Familiar. Este es el monto que el conjunto de quienes comparten la vivienda, constituyendo un hogar, tienen disponible para satisfacer sus necesidades.

Por estas razones, la información más relevante respecto a la distribución del ingreso monetario, es la que se proporciona respecto del Ingreso Total Familiar, ya que discrimina acerca del nivel socioeconómico de las personas y los hogares.

El coeficiente de Gini del Ingreso Total Familiar bajó de 0.484 en el 3º trimestre de 2003 a 0.435 en el 4º trimestre de 2007, y de allí bajó a 0.426 en el 2º trimestre de 2009 ( en 2003 era 14% más alto que en 2009). Esto indica una mayor equidad de la distribución del ingreso: Gini es igual a cero si todos las unidades reciben lo mismo y se aproxima más a 1 mientras más desigual sea la distribución.

Que en los 2 trimestres anteriores el coeficiente de Gini haya sido de alrededor de 0,415, no indica que la tendencia de la estimación haya variado.

En 2003 la mitad de los hogares recibían $745 o menos. Durante la primera mitad de 2009 más de la mitad de los hogares percibe por lo menos $ 2450 (329%). Comparado con fines de 2007 (mediana de $1790) la mediana actual es 137%.

Asimismo, la distancia proporcional del hogar del percentil 90 al del percentil 10 se achicó considerablemente. El cociente entre ambos es de 7,8 veces, el más bajo que se haya presentado en la serie, que mostraba una diferencia de 11,8 veces en 2003, es decir 50% superior.

Por otra parte el Ingreso Per Cápita de los hogares pasó de una mediana de $250 en el 3º trimestre de 2003 a $820 en el 2º de 2009 (328%). Desde fin de 2007 el crecimiento es de 36%.

Respecto a los ingresos obtenidos por las personas que trabajan en su ocupación principal, la mediana creció de $400 a $1500 (375%) entre el 3º trimestre de 2003 y el 2º de 2009. Desde el 4º trimestre de 2007 (mediana de $1000) al 2º de 2009 el crecimiento es de 50%.

La distancia entre el hogar del percentil 90 y el del percentil 10 descendió de 30 veces en 2003 a 12,5 veces en el 4º trimestre de 2007, y a 10,7 veces en el 2º trimestre de 2009 (la más baja de la serie).

Todo ello podría haberse dicho, ya que no sólo es técnicamente correcto, sino que además es lo verdaderamente relevante.

Si aún con sus defectos, se hubiera querido utilizar las brechas entre los ingresos de los hogares, podría haberse dicho que, mientras en 2003 el 10% de los hogares de mayor ingreso percibían 27,4 veces lo que el 10% de los hogares de menor ingreso, en 2009 esa relación bajó a 18 veces.


miércoles, 16 de diciembre de 2009

Una vacuna contra la crispación

POR JORGE GILES

27-11-2009 /


Jorge Giles
Los crispados dicen que los crispados son los otros y no ellos.

Es una vieja táctica de viejos zorros.

Néstor Kirchner los acaba de desenmascarar públicamente en el marco de un Seminario sobre Políticas Públicas. Recomendamos la lectura completa de ese mensaje porque abarcó todos los temas de la coyuntura y de esta etapa histórica.

En muchos países la derecha utiliza la palabreja de la “crispación” cada vez que sale a defender rabiosamente sus intereses mediáticos y económicos más concentrados.

En España, por ejemplo, la derecha acusa al Presidente Zapatero por la “crispación” en el país. ¿Le suena?

Proponemos una vacuna nacional para combatir el síndrome de la “crispación”.

Primera dosis.

Las dictaduras de Videla y Pinochet estuvieron a punto de llevarnos a una guerra fratricida a chilenos y argentinos hace justo 25 años. Para conmemorar la firma del histórico Acuerdo de Paz, nuestra Presidenta y Michele Bachelet, Presidenta de Chile, viajaron al Vaticano a celebrar junto al Papa la vigencia de la democracia, la paz y la unidad fraterna entre nuestros respectivos pueblos.

Segunda dosis.

Antes de partir, Cristina Fernández de Kirchner, firmó varios decretos y asistió a diversas actividades en las que realizó importantes anuncios de alto impacto para la sociedad. Recordemos que el miércoles dispuso el pago de hasta 350 $ en concepto de Pago Anual extra para Jubilados y Pensionados.

Nuestros mayores dispondrán de esa suma más el adelanto del pago del Aguinaldo dispuesto por el Gobierno, para robustecer el árbol navideño y las próximas Fiestas de fin de Año.

Tercera dosis.

Cristina firmó el Decreto que promulga la Ley de obtención del ADN, sin métodos compulsivos, de aquellas personas que pudieran ser víctimas o victimarios del crimen de apropiación ilegítima de niños cometidos durante la pasada dictadura cívico militar.

En otro Decreto dispuso la promulgación de la Ley sobre el Banco de Datos Genéticos. El Estado se hace cargo de custodiar y asegurar con medios científicos de última generación, los registros de la memoria histórica de todo un pueblo.

Cuarta dosis.

La Presidenta promulgó la ley que despenaliza la figura de calumnias e injurias, garantizando de esta manera que los periodistas no sufran ninguna presión legal que les impida trabajar con absoluta libertad.

Quinta dosis.

Cristina dispuso la Reglamentación de la Ley de Incentivo a la producción nacional de motos y motopartes, impulsando mayores inversiones en la producción local.

Se avanza así en el proceso de sustitución de importaciones con la creación de aproximadamente 5 mil nuevos puestos de trabajo. La producción alcanza en lo que va del año y contra todo lo previsto, las 550 mil unidades.

Sexta dosis.

Al firmar el Acuerdo con el sector farmacéutico que permitirá la reducción del 30 % en el precio de 600 medicamentos, la Presidenta anunció que el próximo mes de diciembre, se abrirá la licitación para que la Argentina produzca la Vacuna para la Gripe A.

Séptima dosis.

Se anunció que la Autopista Córdoba-Rosario, financiada por el Estado nacional, estará culminada durante el 2010, al igual que la ampliación de un importante tramo de la Ruta 14, la ruta del MERCOSUR. Estas obras forman parte del mayor Plan de Obras públicas en un siglo.

Octava dosis.

Las ventas en los Supermercados crecieron durante el mes de octubre un porcentaje de 5,1 % en relación a octubre del año 2008, mientras que en las grandes tiendas, o shoppings, el crecimiento trepó en el mismo lapso al 17,6 %.

En los primeros diez meses del corriente año las ventas crecieron ya un 16,7%.

A estos datos se acostumbra llamar en el mundo entero, Crecimiento del Consumo.

Novena dosis.

Los empresarios de la construcción aseguran que durante los próximos meses el sector creará 20 mil nuevos empleos.

Décima dosis.

La recaudación de noviembre será el 20 % superior a la del 2008 y sumará más de 26.000 millones de pesos.

Confíe en la veracidad de lo dicho y no lo contagiarán jamás

El Club de los Escribas


Foto de Rufino Lucero


Y sí.
Con los días que estamos pasando, y con los que se vienen, no alcanza un solo escriba para registrarlo todo.
Y tuve que ponerme a convocar a otros, revisando los medios de comunicación digitales.
Alguna vez Sonia elogió mis selecciones de materiales de lectura.
Uno sigue haciendo siempre lo que puede y tratando de dar una mano para avanzar, pero no de cualquier modo.
Por que hay avances que son retrocesos.
Así que, dedicada al santo arte de pintar rejas y aberturas con convertidor de óxido para evitar males mayores, es que dejo la palabra esta semana a algunos compañeros de ruta que van dejando sus fuegos, brasas y chispitas en este intento de no retroceder a épocas nefastas.
De meterle convertidor de óxido a algunas cabezas compatriotas que, parece mentira, se niegan a pensar porque les duele.
A ellos les digo: ¿y a quién no? A tdos nos duele, pero si uno se olvida repite.
Y si se repite, duele más.

Hay un par de notas de Giles que me llamaron la atención, más que por su contenido, por los comentarios logrados: abrumadoras cantidades de insultos y denostaciones.
Los más interesantes para una lectura desde la psicopatología, son los que hacen referencia a que este gobierno investiga el pasado y castiga a los culpables del genocidio de los setenta, para tapar la corrupción actual. Sugieren que se debe mirar adelante porque (así lo decía un señor textualmente) "el pasado no existe".
También me parece interesante lo que la gente del INDEC dice acerca de la forma de interpretar los datos de las encuentas.
Y ya aparecerán otras cosas, mientras disfruto de pasar el pincel suavemente sobre la madera inerme de los marcos de las ventanas.
En fin, me voy a oler aguarrás que no es menos sano que ciertas lecturas de la realidad, y los dejo con los cronistas invitados, que son mucho más optimistas que yo respecto del fin del mundo.

Au revoir! ( Se lee "or vuar", y me parece la mar de fino con estos cielos grises de tempestades finales)

martes, 15 de diciembre de 2009

La estupidez no tiene remedio (II)


(y encima, es infinita...)

Hace algunos años, prestando servicio en una escuela inserta en un barrio muy carente de todo y por entonces muy olvidado de la mano de dios y los gobernantes (ahora no sé cómo estará, porque hace años que no ando por allí), hubo una epidemia de sarna que amenazaba con enloquecernos a todos y dejarnos sin uñas sobre los dedos. Básicamente, las condiciones precarias de higiene en que la gente del barrio se veía obligada a vivir, incrementaba las infecciones de las heridas y amenazaba con convertirse en algo mucho peor que sarna.

El Centro de Salud no reunía suficiente cantidad de medicamentos, nunca recibía de acuerdo a la demanda, y en particular, casi nada para algo tan común como la sarna o los piojos.

Así que nos vimos otra vez obligados por la realidad a reemplazar trámites burocráticos por acciones solidarias y organizamos una campaña para reunir remedios. Fue muy interesante el modo en que los objetivos se lograron, pues una de las maestras tomó contacto con un grupo de bailarines de tango solidarios de la Ciudad de Buenos Aires, quienes se ofrecieron para organizar un espectáculo en un lugar céntrico sobre la base de la campaña solidaria. Ellos mismos reunieron muchos medicamentos y ropas en la Capital y luego se lucieron maravillosamente bailando el tango en un amplio y lujoso salón ofrecido por el Centro de Comerciantes de la ciudad. Todos los habitantes del barrio sin sarna aún, trabajaron toda la noche atendiendo la cantina y las mesas, para reunir una interesante cantidad de medicamentos y dinero para adquirir más.

Fue una noche de revelaciones y de reconciliación con la vida.

Recuerdo que en la semana siguiente hubo que comprar las cremas para la sarna y los analgésicos y antibióticos que siempre resultaban escasos en el Centro de Salud y eso implicaba tomar decisiones.

¿Potes grandes más económicos o pomos pequeños más fáciles de distribuir, pero más caros?

¿Entrega a cada familia o resguardo en el Centro o la Escuela de los potes abiertos para compartir entre varias familias?

Finalmente, se resolvió lo que parecía mejor, que tal vez no era lo ideal. Pero lo ideal está sólo en la cabeza de Mirta, de Su, de Marcelito o de Lilita, que jamás se ven en esas situaciones y siempre tienen algún detalle que criticar sobre lo que deciden otros. Desde sus mesas enmanteladas, sus livings llenos de flores y sus campos alambrados.

La decisión fue comprar envases grandes, que era lo más barato, para estirar mejor la plata, dentro de los parámetros farmacéuticos que los médicos indicaran a la enfermera, para no errarle.

Y así se hizo: el pomo enorme de antisárnico se pasaba de una familia a otra, controlándose y respetándose los ciclos de tratamiento. No se desperdiciaron remedios, ninguna familia mostró actitudes egoístas y nadie planteó su mayor derecho por haber trabajado más para adquirirlos.

Hubo controles cruzados de higiene de viviendas y ropas, y con extrema cautela y dulzuras, las mujeres se sugerían los mejores modos de acabar con la epidemia en cada hogar, ayudándose unos a otros, ya que hubo que quemar colchones y reemplazarlos por otros, compartir el jabón y muchas otras pequeñas actividades que resultarían tediosas a quién lee, aunque sin duda muy instructivas acerca de las diferencias de calidad de vida que persisten en nuestras sociedades tan tecnologizadas.

En dos meses casi eliminamos la sarna. Casi, pues aquel barrio linda el basural y muchos chicos y grandes viven de cirujear en aquella cava llena de inmundicias. Y en este caso, para eliminar la sarna, hay que eliminar el basural, más que a los perros.

No sé como habrán afrontado mis vecinos de aquel barrio la epidemia de gripe de este invierno.

Sin embargo, el indignado cronista del canal 26 informó una mañana cómo se vivía en Olivos.

A diferencia de los pobres del basural, que no tienen más que a sí mismo, y a veces ni eso, pues se pierden como cualquiera, algunos vecinos de Olivos tienen más que a sí mismos. Tienen poder adquisitivo. Tienen plata. Tienen hospitales, clínicas, farmacias, tarjetas de crédito, efectivo, obras sociales, prepagas…

Por suerte, tienen todo eso y más, todo eso que uno quiere que tengan todas las personas para que haya paz en la tierra.

Por desgracia, también tienen demasiado a miedo a perderlo.

No son los únicos. Hay gente con esa suerte y esa desgracia distribuida por diferentes barrios y localidades: Por eso me parece pertinente aclarar que no tengo nada personal con los vecinos de Olivos, pero el cronista mostró ese lugar para comentar que habían vuelto los saqueos.

¿Saqueos?

Sí. Saqueos en farmacias de los barrios pudientes.

¿Cometidos por los que no tienen cómo comprar medicamentos?

No, por personas con poder adquisitivo que compraban Tamiflú de a diez cajas y alcohol en gel por toneladas.

Ante los intentos de restricciones por parte de los empleados farmacéuticos, amenazaban con llevarse todo sin pagar. Gente que se peleaba por el alcohol y los antivirales ante las cámaras, agitando tarjetas y dinero en efectivo y exigiendo que le dieran “más” porque podía pagarlo.

Se podría decir que no era un saqueo porque estaban ofreciendo pagar a cambio. Sin embargo, a ninguna de esas personas que se disputaban el privilegio de engordar los activos de los laboratorios farmacéuticos, les importaba un comino, en ese momento de pánico, la distribución social de los medicamentos.

Vergonzoso.

Es cierto que se vive un clima de inseguridad: con gente así uno no puede estar seguro de que recibirá la porción de la torta que le corresponde, pues ellos siempre quieren más y más.

Tan idiotas en la defensa de “su” seguridad sanitaria, que no pudieron darse cuenta que lo que adquirían a precio oro y por la fuerza en cantidades exageradas, no podía frenar ninguna epidemia o pandemia declarada de gripe.

Tan estúpidos que no podían reflexionar acerca de la manera en que una epidemia mata.

Tan egoístas que ni siquiera pensaron en sí mismos, pensando en todos.

Ese pánico absurdo tuvo como origen inmediato la campaña mediática abusiva acerca de la supuesta “pandemia”. Como sustrato más profundo, el miedo a perder, el horror de darse cuenta que frente a ciertas cosas la plata no sirve, que los parámetros por los que se rige la vida cotidiana, se vienen abajo y uno se deja de ser un/a señor/a importante para convertirse en un vulnerable mortal.

Algunos se intoxicaron con antivirales mentirosos.

Otros, no dejaron bacteria viva en su cuerpo y su casa, ni buena ni mala, a fuerza de alcohol en gel.

Ninguno resolvió nada en absoluto.

Ni para sí, ni para el colectivo.

Sólo hicieron aquel papelón, registrado apenas por una cámara, un noticiero, y que apenas yo recuerdo. Por alguna razón inconfesable, no se manijeó durante días como otros hechos de inseguridad.

Por suerte la epidemia no duró mucho. Fueron apenas algunos días de pánico y estupidez y luego las cosas retomaron su rumbo.

Sin embargo, no pude menos que recordar la sarna del basural viendo en la tele a los señores de gruesos sobretodos de paño arrasando góndolas y discutiendo con cajeros y otros clientes.

O mejor, no pude menos que comparar las actitudes de los unos y los otros frente a las desgracias que nos llegan. El modo en que unos y otros resuelven los problemas y toman las decisiones.

No pude menos que reflexionar acerca de la inseguridad, otra vez. Quiénes la originan con sus temores, sus egoísmos, sus estúpidos sentimientos de superioridad social y racial.

La solidaridad es un sentimiento que surge en los mamíferos y se desarrolla en los primates superiores. Es un escalón superior del instinto de supervivencia: salvarse en la salvación de todos, en la generación de condiciones y reglas que permitan asegurar la sobrevida de la mayoría, protegiendo esencialmente a los más débiles, garantizando que los más jóvenes puedan llegar a la edad adulta y reproducirse.

El ser humano ha regresado a su etapa reptiliana y se devora a sus hijos como un cocodrilo.

A diferencia de los reptiles, tiene siempre a mano autojustificaciones para hacerlo.

Pero esa capacidad que le da el lenguaje, no lo hace mejor. Por el contrario.

Habría que ver cómo reaccionaría un cocodrilo al que se le otorgara la gracia de tener conceptos para nombrar las cosas y eternizarlas, sistemas de ideas para juzgarse a sí mismo. Seguramente dejaría de comerse a los cocodrilitos y se moriría de vergüenza frente a su egoísmo exacerbado.

Pero en las zonas residenciales para gente con poder adquisitivo, no viven cocodrilos autoconcientes con sentido ético.

Al menos, nadie ha visto a ninguno…